
Es de primordial importancia que el verdadero significado de la salud y la enfermedad sea claramente comprendido.
La salud es nuestra herencia, nuestro derecho. Es la unión total y absoluta entre el alma,la mente y el cuerpo, y no es un ideal demasiado lejano ni difícil de alcanzar; por el contrario, es tan fácil y natural que ha pasado desapercibido para muchos de nosotros.
Todas las cosas terrenales como son más que interpretaciones de las cosas espirituales. La más pequeña e insignificante de las ocurrencias tiene detrás un propósito divino.
Cada uno de nosotros tiene una misiòn divina en este mundo, y nuestras almas usan nuestras mentes y nuestros cuerpos como instrumentos para la realización de esta tarea;de esa forma cuando los tres están trabajando al unisono, el resultado es la salud y la felicidad perfecta.
Una misión divina no significa necesariamente sacrificio, retirarse del mundo o rechazar los placeres de la belleza y la naturaleza; por el contrario, significa disfrutar más y mejor de todas las cosas. Significa hacer el trabajo de la casa, cultivar una granja, pintar, actuar, o servir a nuestros semejantes en la forma en que sepamos. Y esta tarea, cualquiera que sea, si la amamos por sobre todas las cosas, será el definitivo mandato de nuestras almas; la tarea que estamos llamados a hacer en este mundo, y el único en que podremos ser nosotros mismos, interpretando de una forma material y cotidiana el mensaje del verdadero Yo. Nuestra salud y nuestra felicidad serán así las que nos permitan juzgar hasta donde hemos interpretado bien este mensaje.
En el hombre perfecto existen todos los atributos espirituales, y venimos a este mundo a manifestarlos de a uno por vez, así, como a perfeccionarlos y fortificarlos de modo que ninguna experiencia ni dificultad pueda debilitarnos o apartarnos del cumplimiento de ese propósito.
Nosotros elegimos nuestras propias ocupaciones terrenales y las circunstancias externas que nos proporcionarán las mejores oportunidades de probarnos al máximo. Venimos con el conocimiento global de nuestra tarea específica; venimos con el inimaginable privilegio de saber que todas nuestras batallas están ganadas antes de entrar en combate, que la victoria es cierta aún antes de que llegue la prueba, porque nosotros sabemos que somos los hijos del Creador, y como tales, divinos, inconquistables e invencibles. Con este conocimiento, la vida es un verdadero regocijo; las dificultades y las experiencias pueden considerarse como aventuras, porque si comprendemos plenamente el poder que tenemos y somos fieles a nuestra Divinidad, todas las dificultades se desvanecerán como la niebla bajo el sol. Para ello Dios otorgó a sus criaturas el dominio sobre todas las cosas.
Tan soló con escucharlas, nuestras almas nos guiaran en cada circunstancia y en cada dificultad; la mente y el cuerpo, dirigidos por ella, pasarán por la vida irradiando felicidad y perfecta salud, tan libres de preocupaciones y responsabilidades como un confiado niño pequeño.
Dr. Edward Bach, "Bach por Bach"

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